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Si Muero Lejos de Ti: Dreamers en México

Dream in México, es una organización que apoya a estudiantes indocumentados que buscan alternativas ante la imposibilidad de estudiar y/o trabajar en Estados Unidos.

Como muchos otros hijos de inmigrantes indocumentados, Daniel Arenas supo desde niño que en su casa algo no cuadraba. Originaria de México, la familia de Daniel llegó a Carolina del Sur cuando él contaba con cuatro años de edad. Daniel ingresó a la escuela y la primaria y la secundaria transcurrieron sin mayor sobresalto. Pero al entrar a la preparatoria Daniel se dio cuenta de que eso que siempre había estado ahí ahora representaba un obstáculo: no contaba con los documentos que le permitirían recibir apoyos económicos para ir a la universidad por no contar con una residencia legal, y aún si sus padres lograban pagar la colegiatura no tendría manera de trabajar una vez que se graduara.

Daniel era un "dreamer", uno de los más de millón y medio de chicos que fueron llevados por sus padres a Estados Unidos de manera indocumentada siendo menores de edad. Estos niños y jóvenes crecen siendo parte de la cultura y la vida de este país, hablan su idioma, cantan su himno nacional, rinden honores a su bandera, pero en realidad no cuentan con nada que los ampare como ciudadanos del mismo: aunque la ley les brinda sin condiciones los primeros doce años de educación, una vez que terminan y que desean continuar con sus estudios profesionales no tienen manera de arreglar su situación migratoria y por tanto no pueden recibir becas, conducir un auto o trabajar de manera legal.

A estos chicos se les conoce como Dreamers debido a la iniciativa conocida como DREAM Act, que lleva más de diez años yendo y viniendo en el Congreso estadounidense ser aprobada por ambas cámaras. De serlo, el DREAM Act otorgaría a estos chicos, 1.6 millones según cálculos generales, la posibilidad de obtener una residencia legal y en el mediano plazo la ciudadanía. A cambio se les pide cumplir con ciertas condiciones, como haber llegado al país siendo menores de 16 años, haber vivido los últimos cinco años en Estados Unidos y completar al menos dos años de educación superior o de servicio en las fuerzas armadas, entre otras.

Sin embargo, y a pesar del intenso cabildeo por parte de varias organizaciones durante la última década, el DREAM Act no ha logrado el apoyo suficiente para convertirse en ley. Esta circunstancia hizo que Daniel un día tomara una decisión: si en Estados Unidos resultaba tan difícil estudiar, lo intentaría en México.

-Yo quería estudiar Relaciones Internacionales -me dijo Daniel durante una conversación telefónica desde la ciudad de Monterrey, México, en donde reside desde hace cinco años-. Mis papás estaban en ese momento en una buena posición para pagar la colegiatura, pero me di cuenta de que después de graduarme en Estados Unidos no iba a poder trabajar en lo que me gusta. No iba a poder viajar, porque no contaba con los documentos para regresar. Entonces empecé a buscar opciones en México.

Durante su último año de preparatoria Daniel echó mano del Internet para buscar una universidad en México que se adaptara a sus necesidades. No buscó la más cara, ni la más cercana, ni la que tuviera la mayor calidad académica. Buscó una en la que pudiera realizar todos los trámites en línea, incluido el examen de admisión, de manera que no tuviera que viajar a México -en algunas instituciones parecían no entender que si él viajaba a presentar un examen y por alguna razón no se quedaba, ya no tenía manera de regresar a casa-. Buscando y preguntando, descubrió que el Tecnológico de Monterrey era la opción que estaba buscando, así que habló con su padre, quien se dedica a la jardinería; con su madre, empleada en una fábrica, y les anunció su decisión: Daniel volvía a México para entrar a la universidad.

Daniel no conocía a nadie en Monterrey. Una de las ventajas que tuvo es que, a diferencia de muchos hijos de inmigrantes que llegan a Estados Unidos a corta edad, sí dominaba el español. Por lo que toca a encontrarse en un lugar nuevo, en poco tiempo se dio cuenta de que además de él, había estudiantes que venían de otras partes de México, América Latina y otras regiones del mundo. Descubrió, además, que la universidad contaba con programas de apoyo para orientar a los estudiantes foráneos; pronto se sintió identificado con muchos otros estudiantes en el mismo campus. Consiguió una beca de hospedaje, trabajó en los dormitorios para pagar sus comidas y al mismo tiempo sus padres le enviaban dinero desde Estados Unidos.

Daniel se graduó exitosamente y al poco tiempo empezó a trabajar en una organización no gubernamental. Dado que su salida de Estados Unidos fue voluntaria y sin pasar por un proceso de deportación, en breve tiempo y con el apoyo de su universidad logró una visa de estudiante, con lo cual pudo ir a visitar a su familia; más tarde obtuvo una visa de turista, de manera que ahora va y viene con libertad entre los dos países.

En mayo de 2010 Daniel recibió una llamada de una de sus consejeras escolares en Estados Unidos. Una chica graduada entre los primeros promedios de su generación se encontraba en la misma situación en la que él había estado cinco años atrás, y le pidió a Daniel que la orientara. La chica, viviendo en Austin, trabajaba como mesera mientras esperaba a que pasara algo, lo que fuera; una reforma migratoria, o tal vez la aprobación del DREAM Act. Ni lo uno ni lo otro ocurrieron, así que tan pronto le quedó claro, decidió seguir los pasos de Daniel. Después de haber sido mesera un año y medio en Austin, hoy cursa el segundo semestre de Ingeniería Civil en Monterrey.
La experiencia motivó a Daniel a reunirse con otros voluntarios para hacer un movimiento de apoyo a estudiantes en una situación similar. Así como nació Dream in México, una organización que apoya a estudiantes indocumentados que buscan alternativas ante la imposibilidad de estudiar y/o trabajar en Estados Unidos.

-No estamos tratando de convencerlos de que vengan a México o de que todo es maravilloso acá, pero queremos que sepan que hay opciones, que no todo se reduce a Estados Unidos -me explica Daniel-. Que pueden estudiar en algunas de las mejores universidades de América Latina en México, que hay algunas con colegiaturas razonables y que en su país podrán trabajar cuando se titulen. Que los estudios que han realizado en Estados Unidos tienen validez fuera del país, y que sí es posible obtener un empleo aunque hayan estudiado allá. No los estamos encandilando con que todo es bonito, pero sí queremos propiciar el diálogo con sus familias sobre sus oportunidades particulares en México. Al regresar a México pueden viajar a cualquier parte del mundo y esto te amplía el panorama. Después de eso, estarán listos para tomar una decisión informada.

Se puede encontrar más información sobre Dream in México en su página de internet http://dreaminmexico.org/

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